Por Primo Jonas

No, no la entiendo. Pero asiento con la cabeza, en silencio. Yo estoy disuelto, soy un valor infinitesimal, soy un punto…
Al fin y al cabo, este estado puntuado tiene su propia lógica (la de hoy): en el punto radica la mayor cantidad de incógnitas y basta que el punto se mueva, se desplace, para que pueda transformarse en miles de curvas, en centenares de cuerpos sólidos.
Tengo miedo de moverme: ¿en qué me voy a transformar?…

Yevgueni Zamiatin fue un escritor ruso que vivió la Revolución Rusa (la de 1905 y también la de 1917) del lado de los bolcheviques. Hijo de un sacerdote de la iglesia ortodoxa, estudió ingeniería naval y además desarrolló el oficio de escritor: inauguró con su obra Nosotros lo que hoy se conoce como el género distópico. En ella encontramos el diario de D-503, el constructor jefe de la nave INTEGRAL, que tendrá por misión llevar al espacio todo el conocimiento liberador alcanzado por la sociedad de este futuro fantasioso. El protagonista parece encarnar, en su forma de actuar y de pensar, los valores centrales de tal sociedad: la racionalidad, la impersonalidad, la entrega plena al orden colectivo. Hasta que D-503 conoce a una mujer misteriosa, I-330, de quien se enamora, y todo empieza a cambiar…

El mundo futurista que Zamiatin inventa está basado en una escisión fuerte y determinante entre el campo y la ciudad. La ciudad ganó la “batalla final” en una importante guerra, alejando a la sociedad de toda naturaleza campestre por medio de un muro físico y de un código ético estrictamente racionalista. El libro empieza a ser escrito en 1920, aunque sólo llega a ser publicado en el Reino Unido en 1924. La escisión entre campo y ciudad refleja las difíciles condiciones de los primeros años de la Revolución Rusa y el conflicto entre los sectores sociales y políticos por la dirección de esta. Además, Zamiatin, a pesar de haber sido un bolchevique en los años de la clandestinidad, creía en la importancia de la postura crítica e independiente de los escritores, por lo cual no escatimaba críticas a los que le parecían ser los peores aspectos de la revolución.

Se trata de un libro marcadamente expresionista, y la poca o nula descripción de los ambientes y lugares coincide, primero, con la sobriedad de los materiales y de las formas de las avenidas y edificios futuristas, así como con el flujo de pensamiento del protagonista que escribe en su diario. Sea por medio de las metáforas matemáticas y de la belleza apolínea que alumbra los pensamientos de D-503, sea a través de torbellinos de sensualidad que hunden el protagonista en una loca pasión, es un libro que bucea por el improbable mundo subjetivo de este personaje. Es la pasión lo que finalmente le movió el piso de abajo al constructor jefe de la nave INTEGRAL, lo que lo saca de quicio y lo confunde hasta el punto de poder ver la locura de la sociedad donde vive, de cuestionarse sus hábitos, las reglas, la autoridad, el fundamento mismo del orden social. No es el amor romántico, el amor del verdadero individuo recluido en su foro interno. Este tipo de amor es el objeto de búsqueda del salvaje John, de la famosa distopía de Aldous Huxley, Un Mundo Feliz. Para John, educado por los valores tradicionales de los clásicos de la literatura, el admirable mundo nuevo adonde lo llevan está basado en la superficialidad, la promiscuidad sexual, los placeres mundanos fáciles, mientras él reivindica el valor de poder ser infeliz. Este amor es como la última trinchera del sujeto contra el mundo, y por lo tanto le reafirma su lugar, su existencia, un amor sumamente cuerdo.

Tanto el libro de Huxley como el último clásico del género, 1984, fueron profundamente influenciados por la obra de Zamiatin en diversos aspectos estructurales, pero el rol del amor en Nosotros es una particularidad. D-503 padece el amor como un despertar, donde todo lo que uno creía y valoraba se da vuelta, y se le revelan las razones en la locura. Tirado a los pies de su terrible amante, el orden social traslúcido se vuelve opaco, y lo que es podría bien ya no ser.

Estranhos Despertares

La última gran referencia de esta tradición distópica ya es parte de su desviación hacia otros problemas. En la película Matrix, al protagonista se le da la elección entre despertar o seguir durmiendo. Pero ambos mundos son cristalizados: en el mundo de la píldora azul, nuestro mundo vivido actual, no hay contradicciones y no se propone criticar sus fundamentos, mientras en el mundo de la píldora roja se lucha contra una aniquilación física de los humanos, que están bajo el ataque de una inteligencia artificial enajenada del hombre. Y lo que es peor, dando el tono cristiano y gnoseológico del guion, el amor del protagonista por una mujer no es el elemento que lo sacude y le plantea preguntas fundamentales sobre su condición, sino que le da un sentido de antemano, su predestinación. Es ya un adelanto de las distopías catastrofistas que pululan hoy en las listas de las empresas de videos bajo demanda, como Amazon Prime y Netflix: el mundo se impone de forma aplastante a los sujetos, no hay forma de resignificarlo.

La temática de un despertar que nos aleja de las falsedades y nos acerca a la verdad fue planteada por Platón, en su famosa Alegoría de la Caverna, en la cual se contraponen las sombras proyectadas en la pared de una caverna (las ilusiones) a la luz solar (la verdad). Los posteriores desarrollos de la filosofía neoplatónica se tomaron el trabajo de complejizar este camino y llenarlo con muchas capas y misterios, y es a partir de este paradigma que Matrix organiza su narrativa. Es el mundo desvelado en su identidad el que ofrece al sujeto su nuevo rol, su misión. Es curioso que en la cultura de internet de nuestra época sea tan común la referencia al despertar, tanto por izquierda como por derecha, especialmente en los EE.UU. Por izquierda, en los últimos años se ha popularizado la expresión “woke”, o “stay woke” (despierto, mantenerse despierto) como consigna para mantener encendida la consciencia social para las causas identitarias. Por derecha, la expresión “red pill” (píldora roja) vino a significar las verdades “desveladas” de las narrativas antisistema o típicas de la nueva derecha, que chocan con las posiciones liberales sobre temáticas históricas, incluido ahí todo el repertorio conspiranoico.

La historia de D-503 nos da otra versión del despertar. Mucho más existencialista, más cercana a la realidad cruda de una revolución. Lejos de disipar dudas, el despertar debería sembrarlas.

Las imágenes que ilustran este artículo son monotipos de Edgar Degas (1834 – 1917).

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